¿Cómo puedo ser salvo?




La salvación es, sin dudas, el tema más importante a tener en cuenta ya que de ella depende el lugar en donde pasaremos toda la eternidad, esto es, cielo o infierno.
Para tratar este tema hemos hecho un material en común para todas las religiones abarcando algunos puntos importantes que estas tienen en común.


El peor mal existente
En Génesis vemos que Dios crea el universo y todo lo que en él hay. Todo era bueno. En el paraíso se respiraba paz, tranquilidad. No había allí nada malo, nada de qué temer ni preocuparse. El Señor crea un hermoso paisaje y establece a Adán y Eva, a quienes da libertad para hacer todo lo que quisieran y señorear sobre toda la creación, con una única prohibición, la cual en caso de desobedecer abriría la puerta del peor mal conocido. En ese entonces la maldad no existía en la raza humana y todo era perfecto.
De repente, aparece en escena la serpiente, el tentador, incitando al ser humano a pecar contra Dios desobedeciendo a la única prohibición que Él había dado. Dios creó al ser humano con voluntad propia y con la capacidad de tomar decisiones por sí mismo, por lo que, tanto Adán como Eva, tuvieron la oportunidad de rechazar la tentación y ser fieles a Dios.
No obstante cometen el gran error y ceden a la propuesta de la serpiente y he aquí comienza la catástrofe.
El plan perfecto de Dios es derrumbado por culpa del hombre que opta por desobedecerlo, y la propia maldad del ser humano le impide seguir viviendo aquella vida perfecta en la presencia de Dios. Esto provoca la muerte espiritual del ser humano, y, en consecuencia, la separación de Dios.
A partir de estos hechos, entra al mundo el peor mal que exista, el pecado, el cual es heredado por toda la raza humana de generación en generación.


La historia de la redención
Al ver el gravísimo error del ser humano, Dios tiene que entrar en acción para lograr restablecer las cosas como fueron en un principio.
En el Antiguo Testamento vemos como Dios ya anticipaba la manera en que iba a redimir a la humanidad. En aquel entonces Dios demandaba el sacrificio de animales para perdonar los pecados del pueblo y fijaba algunos parámetros que luego se cumplirían a través de Cristo.
En la antigüedad Dios ordenaba que estos animales no tuvieran defectos, y para alcanzar el perdón de pecado para la persona, este animal debía de morir (Levítico 1). De esta manera y a través del sacrificio del animal se lograba la remisión temporal de estos pecados.
Pero ¿por qué Dios elegía animales inocentes para el sacrificio? Precisamente es esta cualidad lo que los hacía aptos, la inocencia, la falta de culpabilidad. El ser humano es culpable delante de Dios y Dios nos muestra que para perdonar nuestra maldad debe hacerse a través de alguien sin culpa, alguien inocente.
En otras palabras, el inocente (en este caso animales) moría en lugar del culpable.
Pero ¿por qué Dios hacía esto?. El nos estaba mostrando tan solo una representación de lo que sería la redención definitiva. Si bien los pecados eran perdonados de esa manera, el sacrificio debía hacerse cada vez que el hombre pecara, y como es de nuestro conocimiento, el ser humano fue concebido en pecado, por lo tanto la maldad habita en su corazón y siempre tiende a pecar.
Por este motivo, Dios provee un sacrificio en lugar de los animales, el cual sería capaz de perdonar todos los pecados de toda la raza humana sin necesidad de los sacrificios diarios.

Para esto, Dios necesita una persona que no haya pecado jamás, que sea santo, inocente, sin ninguna mancha. Y he aquí el problema, ya que no ha existido ni existirá una persona que cumpla con estos requisitos (Romanos 3:10).

Por lo tanto, Dios mismo se hace hombre y viene a nacer en este mundo. Él se despoja de su naturaleza divina y viene a vivir a este mundo con el único propósito de llevar una vida santa y morir en lugar de nosotros.

El perfecto y eterno sacrificio se cumple en Jesús. El que nunca pecó tomó nuestro lugar (2 Corintios 5:21), el justo por los injustos (1 Pedro 3:18) y a través de su sacrificio recibimos el perdón de todos nuestros pecados para siempre sin necesidad de seguir realizando sacrificios. Veamos dos versículos que nos explican claramente este punto. Hebreos 7:26-27:
“Porque tal sumo sacerdote nos convenía (Jesús): santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo”.

La muerte de Jesús nos trae salvación a los que en Él creemos y su sangre nos limpia de todo pecado. (Hebreos 9:22).



¿Salvos por obras?
Ahora bien, ya hemos visto el problema y la solución, pero veamos cómo se obtiene esta salvación ya que Dios perdona nuestros pecados pero solo bajo ciertas condiciones.
La mayoría de las religiones y sectas enseñan que la salvación se obtiene a través de las buenas obras. Según ellos, cuando partan de este mundo se irán al cielo por haber sido buenas personas, y de hecho, esta es una creencia muy común incluso en las personas creyentes que no se adhieren a ninguna religión.
Sin embargo estudiando las Escrituras podemos encontrar muchos versículos que contradicen esta creencia.
En primer lugar, si bien Dios perdona nuestros pecados, solo lo hace para aquellos que creen en Él. Es decir, si una persona vive una vida de pecado, el perdón de Dios no recae sobre ella.
Por lo tanto para recibir el perdón de pecados debemos creer en Dios, creer que Él envió a su hijo Jesús a morir por nosotros y a través de su sacrificio darnos la vida eterna (Juan 3:16). Este es el primer paso a dar en la vida cristiana.

Una vez entendemos la importancia y significado de la muerte de Cristo es importante saber cómo se obtiene la salvación.
Como mencionamos la mayoría de las religiones creen que es a través de las buenas obras mientras que La Biblia desmiente esto y nos da la verdadera respuesta.
Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”
Dios establece que nadie va a salvarse por sus buenas obras, por ser una buena persona o por cumplir ciertas acciones.
A modo de ejemplo, el catolicismo enseña que somos salvos por buenas obras, y por eso hay tantos católicos que viven una vida practicando el pecado sin tener en cuenta a Dios y violando todas sus leyes, pero creyendo que por ser bueno, o dar algo de dinero a un pobre se irán al cielo, lo cual es un error grave, ya que Dios estableció el infierno para todas las personas que vivan y practiquen el pecado.
Otras religiones como los testigos de Jehová muchas veces creen que cuanto más evangelicen y repartan sus literaturas, más posibilidades tienen de ir al cielo, un cielo que según ellos no es para todos, sino para unos pocos escogidos, y pasan sus vidas haciendo buenas obras con la incertidumbre de saber si irán allá o no.

No obstante Dios nos mira y ve en nosotros nuestra naturaleza pecadora. Nos contempla y ve que estamos llenos de errores. ¿Cuántas faltas cometemos a diario? ¿Cuántas veces le hacemos un mal al prójimo? ¿Cuántas veces herimos a otras personas? Y aún así muchos se creen tan buenos como para que Dios al observarlos se asombre y piense ¡Esta persona realmente es buena, se merece vivir en el paraíso!.
Esto es totalmente falso, más bien La Biblia nos muestra en Romanos 3:10 qué ve Dios al observarnos: “No hay justo, ni aun uno” y “No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”(v. 12).
Dios nos ve como seres imperfectos llenos de errores, pero El en su infinita misericordia nos da el regalo de la salvación tan solo con aceptar su sacrificio y creer en El.



¿Cuántas personas entran en el cielo?
Algunas personas se han puesto a pensar en qué tan grande es el cielo. Religiones como los testigos de Jehová dicen que solo hay lugar para 144.000 mil escogidos, lo cual es una gran mentira.
El mismo Jesús dijo que hay lugar para todos (Juan 14:2). El cielo no está limitado a una determinada cantidad por temas de espacio, etc. Esto sería además de lógico, injusto.

Además de saber que hay lugar para todos, en La Biblia no se menciona el número exacto de personas que pasará la eternidad en el cielo, pero en Apocalipsis se dice que habrá “una gran multitud, la cual nadie podía contar”. Anteriormente, en el mismo capítulo se habla de los 144.000 judíos y no se dice que no pueden ser contados, sino que se da el número exacto. Sin embargo al contemplar Juan la multitud de personas que allí habrá dice que no se podía contar.
Es por este motivo que queda claro que el número de personas salvas será de millones o miles de millones. No se deje engañar, porque Dios no hace acepción de personas, ni es limitado como para crear un cielo pequeño o exclusivo. ¡Hay lugar para todos!.



¿Cómo puedo ser salvo?
Efesios 2:8 afirma que la salvación es un regalo de Dios, y un regalo no hay manera de comprarlo precisamente porque es un regalo, es algo gratis.
Nunca seremos lo demasiado buenos para ser merecedores de una eternidad en el cielo, pero Dios siempre será demasiado misericordioso para abrirnos las puertas del cielo y darnos ingreso a todos los que creemos y vivimos para El.

Ahora bien, que seamos salvos por fe no significa que las obras no importen. Un ejemplo de esto es cuando una persona tiene fe en Dios, cree de todo corazón en Jesús pero vive una vida de placeres pecaminosos. Por más que crea en Dios no será salvo.
La fe en Dios automáticamente produce buenas obras precisamente porque se produce un nuevo nacimiento en la persona la cual va creciendo en el conocimiento de Dios y procura cada dia ser mejor. Y de igual manera sucede a la inversa; una persona con buenas obras, que ama al prójimo, que ama a Dios y vive una vida apartada del pecado, está mostrando a través de sus obras su fe en Dios. Este principio queda bien explicado en Santiago 2:14-17:

“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”



Luego de recibir la salvación
Dentro del cristianismo hay personas que creen que una vez fueron salvos siempre lo serán. En otras palabras, si en algún momento de su vida fueron salvos creen que aunque ahora vivan en pecado igual seguirán siendo salvos. De hecho algunos de ellos tienen en sus iglesias cristianos depresivos a los cuales les dicen que suicidarse no tiene nada de malo, que ellos son salvos de todas maneras, lo cual es falso.

Ahora bien, La Biblia nos demuestra que así como la salvación puede obtenerse, también puede perderse.
En Filipenses 2:12 el Señor nos advierte que nos ocupemos de nuestra salvación con “temor y temblor”. ¿Por qué deberíamos preocuparnos por algo que jamás perderíamos?.

Por otra parte observamos que el apóstol Pablo, servidor de Cristo, el cual fue llamado personalmente por el mismo Maestro y tuvo un amplio recorrido en la predicación del evangelio, él mismo decía tener cuidado de sí para no terminar siendo eliminado, es decir, perder su salvación (1 Corintios 9:27).
Esto nos deja claro que aun un gran hombre de Dios como lo fue él, habiendo recorrido muchos años con Cristo, se cuidaba de no perder lo más importante, la salvación.

Además, en Hebreos 2:3 vuelve a recalcar que la salvación puede descuidarse y perderse como pasó con hermanos queridos por él, como el caso de uno de sus colaboradores llamado Demas.
Vemos en Colosenses 4:14 y Filemón 1:24 que este personaje servía a Dios y era parte del pueblo cristiano de aquella época. No obstante, vemos en 2 Timoteo 4:10 a Pablo diciendo “...Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido...”.
¿Qué quiere decir amar al mundo? Amar todo lo que sea pecaminoso y es por este motivo que Dios nos dice que no amemos al mundo ni nada de lo que hay en él, porque eso no proviene de Dios, refiriéndose a todo lo malo que en el hay (1 Juan 2:15-16).
¿Pero por qué pasó tal cosa? ¿Por qué Demas se apartó? Porque descuidó su salvación. El fue participe del evangelio, un servidor de Cristo y colaborador de Pablo, sin embargo no logró perseverar hasta el fin y perdió lo más importante, su salvación.

Para terminar brindamos un último versículo muy claro el cual nos habla de perseverar. Lo que importa no es si algún día fuimos salvos. Lo que importa es si al momento de morir lo somos. Mateo 24:13: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

Si eres salvo, cuida tu salvación, cuida de no perder el regalo más preciado que te ofrece Dios.
Que no llegue el día en que partas de este mundo y te arrepientas toda la eternidad por haber perdido el regalo que Dios tenía para ti.



Conclusión
Todo ser humano es concebido en pecado y por lo tanto está apartado de Dios. La única manera para restablecer una relación con Dios es a través del sacrificio de Jesús para perdonar nuestros pecados y darnos vida eterna.
Una vez creemos en eso, recibimos el perdón de nuestros pecados, y mediante la fe en Dios (no por obras) y por gracia de Él, recibimos la salvación, por la cual debemos preocuparnos de no perderla.

Y para culminar le invitamos a leer una porción hermosa de las Escrituras que habla sobre el Salvador del mundo la cual se encuentra en Isaías 53.



 

 

 

 

 

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