Argumentos morales


Al analizar la época en que vivimos, incluso el examen más somero nos logra revelar una gran decadencia y desintegración de los valores y normas morales hasta hace poco existentes sobre todo en el mundo occidental. A lo largo de las últimas décadas, las normas morales han cambiado de manera alarmante. Existen evidencias de esto en todas partes.
Antes, el hablar de sexualidad se consideraba chocante y estigmatizante aún entre los solteros, ahora el adulterio se ha convertido en un tema atractivo y común en las series de televisión de la mañana a la tarde, en las revistas, las películas, y hasta en el diario vivir.
La homosexualidad ha ocupado el escenario de lo aceptado y defendido, y la pornografía se ha hecho totalmente explícita, incluyendo además nada menos que niños y niñas de entre seis a once años.

La cuestión que se nos presenta a la luz de este cambio es compleja. ¿cuál es el mejor fundamento para la existencia de valores y deberes morales? ¿Qué los fundamenta? El bien y el mal, ¿son realidades objetivas válidas para todas las personas en todos los tiempos, o son solo realidades subjetivas, es decir, cuestión de opiniones? ¿Qué convierte a ciertas acciones en buenas y malas, correctas o incorrectas? ¿Fue Adolfo Hitler una mala persona o simplemente tenía una visión diferente de las cosas?

La disciplina que estudia la moral y los valores se llama axiología (“axios” en griego, valor).

El argumento moral, o axiológico, se propone probar que los valores morales deben ser objetivos y universales si han de tener algún sentido.

Existen dos grandes divisiones en los sistemas éticos. Uno de ellos se base en la revelación. Es un sistema revelado por Dios en las Escrituras del Nuevo y el Antiguo Testamento. La otra división principal es la llamada ética especulativa, la cual es completamente diferente. Este es un sistema creado por el ser humano. Es de naturaleza humanista y autónoma. Es la que predomina en los escritos de filósofos famosos. En esta esfera especulativa, existen dos grandes divisiones. En primer lugar, se encuentra el naturalismo, que comienza con la premisa de que el hombre es totalmente materia. La otra gran división de la ética especulativa es el idealismo. Su premisa es totalmente opuesta. Ésta manifiesta que existe una realidad básica inmaterial, una realidad espiritual, una realidad mental, una realidad racional, que es primaria y preexistente a la materia, y de mucho más importancia que la material. De esta base idealista han evolucionado varios sistemas racionalistas, como los sostenidos por Platón, Sócrates y otros, así como todos los sistemas panteístas.

De estas dos divisiones principales se derivan varios diferentes sistemas de ética. Uno de ellos es el pragmatismo, que opera basado en el principio de que si algo funciona, entonces es bueno. Según éste sistema, los hechos de Hitler fueron buenos, ya que estaban teniendo bastante éxito en la destrucción de todos los judíos de Europa. Un comerciante puede tener mucho éxito en su negocio, sin embargo, el hecho de su éxito no significa que lo que esté haciendo sea bueno. Por lo tanto, este sistema no tiene fundamente moral.

Otro sistema es el egoísmo, que deriva de la palabra “ego” y significa “buscaré aquello que sea bueno para mí”. El alturismo por el contrario dice “Lo que debemos hacer es el bien de los demás”. El comunismo y el socialismo, se basan en la idea de que el bien del hombre es para el estado, y el interés de ellos es la sociedad y no el individuo.

Muchos otros sistemas se derivan de estos fundamentos básicos. Todos ellos contienen ciertos conflictos o antítesis, polaridades opuestas con las cuales luchan. Todos ellos son completos e inadecuados. Ninguno de ellos es tan completo como el sistema bíblico, el cual abarca todas las necesidades básicas de la humanidad y la sociedad.

Muchos sistemas éticos han hecho hincapié en el concepto del libre albedrío del hombre, es decir, que todas nuestras decisiones éticas se basan en nuestra libre voluntad. Otros por el contrario, han hecho hincapié en el determinismo, que mantiene que el hombre no es libre, sino que está controlado por alguna fuerza externa. El fatalismo mantiene que ciertos destinos impersonales controlan nuestra vida; como ejemplo tenemos aquellos que creen y consultan el horóscopo convencidos de que alguna fuerza astrológica controla sus vidas.
Una de las ramas más populares de la psicología, el conductismo, es completamente determinista. Según esta el hombre se ve determinado por todas las cosas que inciden en él; su cuerpo físico, sus ideas y su moralidad están determinados por el ambiente en que vive. Por lo tanto, si el hombre cambia de ambiente, también cambiará él.

Por desgracia, existen muchísimas personas que operan según sistemas éticos no claros ni simples, que nunca han analizado críticamente. La mayoría de ellos resultan ser pobres imágenes de algún sistema pagano, o de algún sistema cristiano. Muchos ni siquiera se dan cuenta de con qué clase de sistema están tratando y en base de los cuales están rigiendo sus vidas.
Existen muchas personas que opinan que si sólo guardan el segundo mandamiento de la ley, que trata de la relación del hombre con su prójimo, pueden pasar por alto la primera, que trata de la relación del hombre con Dios, o viceversa. Otros opinan que si han sido honrados y amables con sus vecinos, de alguna manera son buenos y están bien con Dios. Ellos tienen una moralidad estilo “supermercado”, eligiendo los mandamientos que prefieren obedecer y descartan los demás. Existen personas que dicen “bueno, realmente yo nunca le he hecho mal a nadie, así que me merezco el cielo, ya que estoy bien con Dios”. Esta declaración es totalmente absurda, ya que descarta por completo el hecho de que debemos adorar a Dios, aprender acerca de Él y servirlo. La persona que no ha hecho esto, ha omitido la parte más importante de la ley de Dios.

En nuestra cultura, la postura moral predominante es el relativismo. Este sostiene que son las sociedades o los individuos quienes deciden que está bien y que está mal, y que esos valores varían de una cultura a otra y de una persona a otra. No existen verdaderas morales objetivas y universales, sino una seria de pautas de conducta creadas por el hombre, y por lo tanto, sujetas a cambios. Existen 3 formas diferentes del relativismo: el relativismo cultural, el convencionalismo, y el subjetivismo ético.

- El relativismo cultural se basa en la premisa de que no puede haber moral objetiva ni un único sistema que sea correcto, ya que todas las culturas poseen diferentes sistemas de valores y se rigen por visiones morales particulares que difieren entre sí. Por ejemplo, en algunos países el aborto se considera repudiable e ilegal, pero en otros lo autorizan como una opción válida para cualquier mujer embarazada por el motivo que sea. En otras culturas, el aborto se llega a exigir según determinadas circunstancias.
Sin embargo, al analizar esta línea de pensamiento surgen varios problemas. Una de ellas es que se basa en la observación de las conductas en las diferentes culturas, y la moral no es la descripción de los hechos tal como están, sino un conjunto de preceptos que indican cómo deben ser. El solo hecho de que las cosas sean de determinada manera no implica que así deban ser. Otro problema que se plantea al relativismo cultural es que si sostiene que una pregunta tiene varias respuestas posibles significa que no hay una respuesta correcta. El hecho de que diferentes países tengan visiones diferentes con respecto al aborto no significa que no exista una manera correcta y otra incorrecta de encarar el problema.
Por último, los partidarios del relativismo cultural sostienen que existe una concepción correcta, el relativismo moral, y que el resto de las posturas están equivocadas. Como resultado, los defensores del relativismo cultural no pueden vivir según su filosofía sin caer en la contradicción. Si ellos declaran que la visión contraria a la suya es errónea, estarían probando que no son verdaderamente relativistas. Por lo tanto, el relativismo cultural no logra ofrecer una explicación válida de la moral.

- El convencionalismo: Sostiene que cada sociedad decide qué está bien y qué está mal. Al contrario del relativismo cultural, el convencionalismo afirma la existencia de lo correcto y lo incorrecto, pero su definición varía de una sociedad a otra. Sin embargo, si la concepción convencionalista estuviera en lo cierto, las consecuencias resultarían ilógicas. Alemania adoptó esta filosofía en las décadas del 30 y 40. Así, cuando los nazis declararon que los judíos eran infrahumanos y merecían morir, estos no tuvieron a quién apelar. La ley era ley y las protestas de gran parte de la comunidad internacional fueron ignoradas. El resultado fue la matanza atroz 6 millones de judíos y la defensa presentada por los nazis se basó en el convencionalismo, ellos “sólo estaban cumpliendo órdenes”. El convencionalismo, no es cuestión de moral sino de poder. Según dónde sople el viento, la voluntad de la mayoría decide qué es lo moral. El convencionalismo intenta imponer sus opiniones sobre el resto desde el ejercicio del poder.


- El subjetivismo ético: es la expresión más difundida del relativismo. Según esta línea de pensamiento, la decisión de lo que está bien y lo que está ml pertenece sólo al individuo. El concepto de moral se personaliza, y cambia para acomodarse a las circunstancias y a la conveniencia de cada uno. La moral no va más allá de las preferencias y opiniones personales. “Tú tienes tú verdad, y yo tengo la mía”. “¿Quién eres tú para juzgar?”, esas son frases del subjetivismo ético. Según este concepto, ninguna cosa podría catalogarse como buena o mala, dado que no hay lugar para la condena ni para el elogio. Sin embargo, seguramente la falla más importante de esta concepción está en su contradicción interna. ¿Toda verdad es relativa? Si la respuesta es afirmativa, entonces la afirmación debería tener validez universal, es decir tendría un carácter absoluto. Pero por otro lado, la concepción relativista no puede aplicarse a todo el mundo, entonces surge otra pregunta ¿Por qué el relativista busca imponer su idea de moral en los demás? De esta manera, el subjetivismo cae en su propia trampa. Paul Copan menciona que la concepción relativista queda atrapada en una “falacia de auto exculsión” al sostener que una afirmación se cumple para todos excepto para ella misma. Esta falacia se puede demostrar a través de ejemplos de suficiente claridad moral que pueden aplicarse a todas las personas en todo tiempo y lugar. Es inmoral torturar bebés por diversión, sin embargo, si un subjetivista afirmara que esto es incorrecto dejaría de ser coherente con su propia postura. De la misma forma, un subjetivista no podría emitir juicio de opinión contra un violador, porque según su ideología lo que para la mayoría de las personas es incorrecto podría ser correcto para el violador. El subjetivista debería entonces dejar entrar intrusos a su propiedad, que los ladrones le robaran y los pirómanos le quemen su casa, porque según su ideología subjetivista los intrusos, los ladrones y los pirómanos están convencidos de que sus acciones son correctas. Esto es absurdo. El subjetivismo ético vivido de manera coherente, produce “monstruos” sin moral, personas que no se preocupan por los demás y que sólo se someten a su propia opinión sin reconocer otros límites ni aceptar responsabilidad por sus actos.

- La moral objetiva: Los principios morales no se tratan opiniones personales sino que comprenden un sentido de la obligación y del deber que es universal, y están por encima de cualquier consideración cultural, temporal o de lugar.

Una de las formas de llegar al conocimiento moral es a través del conocimiento intuitivo, ya que hay cosas que sólo se explican por sí mismas y no es necesario aplicar un razonamiento especial. Un ejemplo de ello es el enunciado “es inmoral torturar bebés por diversión”. No es necesario guiarse por la razón para razonar el carácter moral de este enunciado, ni tampoco necesitamos recurrir a la investigación sobre lo que es la tortura o la diversión para adoptar una determinada postura moral sobre este asunto. Nuestra propia intuición nos guía hacia la veracidad de este enunciado.

Toda persona y sociedad que se considera un ente consciente y moral, sabe que actos como la violación, la crueldad, etc. son males morales, no importa su entorno social. El ser humano nace con estos juicios en sí mismo.

Un hombre relativista espera recibir un trato digno y respetuoso. Otro hombre objetivista le pregunta cuál sería entonces el impedimento para insultarlo, ridiculizarlo y menospreciarlo, ya que la convicción del relativista es que no existe una moral objetiva. El relativista debería aceptar el maltrato y no reaccionar para ser coherente con su postura. Sin embargo, seguramente el relativista se opondrá a que lo traten de este modo, ya que no puede acallar su intuición moral que le indica que es incorrecto maltratar personas.

De esta manera, llegamos a la conclusión de que el subjetivismo ético, el relativismo cultural y el convencionalismo resultan insuficientes para construir una teoría moral. Por otro lado, el objetivismo pareces ser la única concepción moral coherente y la única que puede llevarse a cabo de manera consistente.



Características de la moral
- Es un conjunto de normas de conducta y motivaciones, no una descripción del mundo.
- Es un conjunto de preceptos, no de sugerencias. La moral dice “haz esto” y “no hagas aquello”, pero no dice “sería bueno que hicieras esto y que te abstuvieras de hacer aquello”.
- Tiene carácter universal, se aplica a todas las personas en todo tiempo y lugar.
- Es objetiva. El bien y el mal existen independientemente de cuáles sean nuestras creencias y están por encima de ellas.
- Tiene autoridad. Estamos obligados a obedecer sus preceptos.


¿Cuál es el mejor fundamento para la existencia de valores y deberes morales? ¿Qué los fundamenta? ¿Qué convierte a ciertas acciones en buenas y malas, correctas o incorrectas?

Decir que los valores y deberes morales son objetivos es decir que son válidos y vinculantes independientemente de la opinión humana. Por ejemplo, decir que el Holocausto estuvo objetivamente mal, es decir que era malo a pesar de que los nazis que lo llevaron a cabo pensaron que era bueno, y hubiera seguido estando mal incluso aunque los Nazis hubieran ganado la II guerra mundial y hubieran triunfado en lavar el cerebro o exterminar a todo aquel que estuviera en desacuerdo con ellos, de modo que todos pensaran que el Holocausto era bueno.

Dado que la moral se relaciona estrechamente con los propósitos y la voluntad, su fuente también debe poseer propósito y voluntad. Esta es una característica de un ser inteligente. Su fuente también debe ser universal y trascendente, ya que la moral posee esta característica. Dado que posee autoridad, debe provenir de una persona que posea autoridad. La misma, además, debe tener poder para imponer su voluntad moral sobre nosotros, y de dotarnos de la capacidad de reconocer esa voluntad moral por medio de la intuición.

Por lo tanto, la moral precede de una persona trascendente, que tiene poder y autoridad para imponer una ley moral sobre nosotros. A esta persona llamamos Dios.

Si Dios existe, entonces tenemos una base sólida para los valores y deberes morales objetivos relacionados con el bien y el mal.

En la visión teísta, los valores morales objetivos están enraizados en Dios. Según esta visión, Dios no solamente es perfectamente bueno, sino que su naturaleza sagrada y amorosa proporciona el estándar absoluto por el que son medidas todas las acciones. Debido a esto, si Dios existe, los valores morales objetivos existen, totalmente independientes de los seres humanos.

Por otro lado, el teísmo proporciona un fundamente sólido para los deberes morales objetivos. En la visión teísta, la naturaleza moral de Dios se expresa en relación a nosotros en forma de mandamientos divinos que constituyen nuestros deberes morales y obligaciones.

En la tradición Judeo-Cristiana, la totalidad del deber moral del hombre puede resumirse en dos grandes mandamientos: Primero, amarás al Señor tu Dios con toda tu fuerza, con toda tu alma, con todo tu corazón y con toda tu mente, y segundo, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Sobre esta base podemos afirmar el valor objetivo del amor, la generosidad, el auto sacrificio y la igualdad, y condenar como objetivamente erróneo el egoísmo, el odio, el abuso, la discriminación y la opresión.

Por lo expuesto, el teísmo posee las bases para un sólido fundamento de la moralidad, tanto para sus valores morales objetivos como para sus deberes morales objetivos. Por lo tanto, se puede decir que si Dios existe, entonces tenemos un fundamento sólido para los valores y deberes morales objetivos.

Pero si Dios no existe, ¿qué fundamento nos quedaría para la existencia de los valores morales objetivos? ¿por qué deberíamos pensar que los seres humanos tienen un valor moral objetivo?
En la visión atea, los seres humanos son meros productos accidentales de la naturaleza, que han evolucionado hace relativamente poco tiempo en el planeta Tierra, perdido en algún lugar en un universo hostil y sin sentido. En el ateísmo es difícil encontrar alguna razón para pensar que el bienestar del ser humano es algo objetivamente bueno, más de lo que pueda serlo el bienestar de los insectos, el bienestar de las ratas o el bienestar de la hienas.

En la visión naturalista los valores morales son solo subproductos de comportamientos de la evolución biológica y el condicionamiento social. Del mismo modo que un grupo de babuinos muestra comportamientos cooperativos e incluso de auto sacrificio, porque la selección natural ha determinado que es ventajoso en la lucha por la supervivencia, así sus primos primates, el homo sapiens, exhiben comportamientos similares por la misma razón. La moralidad es solo una ayuda para la supervivencia y la reproducción, y cualquier significado más profundo es ilusorio.

Como el filosofo Jerry Fodor ha escrito, “La ciencia trata de hechos, no normas; podría decirnos como somos, pero no nos diría que está mal con el modo en que somos”. En particular, no puede decirnos que tenemos una obligación moral de llevar a cabo acciones que conduzcan a la prosperidad humana.

Así, si Dios no existe, ¿por qué pensar que tenemos alguna obligación moral de hacer algo? ¿Quién o que impon

e estos deberes morales sobre nosotros? ¿De dónde vienen? Es difícil ver por qué iban a ser algo más que impresiones subjetivas arraigadas en nosotros por condicionamiento social y parental. En la visión atea, ciertas acciones como el incesto o la violación pueden no ser biológicamente o socialmente ventajosas, y por ello, en el curso del desarrollo humano se han convertido en tabú, es decir, comportamiento socialmente inaceptable. Pero eso no aporta nada que muestre que la violación o el incesto son realmente incorrectos. Tal tipo de comportamientos ocurren todo el tiempo en el reino animal. Bajo el punto de vista ateo, el violador que se burla de la moral de la manada no está haciendo nada más serio que actuar de un modo contrario a la moda.

Así pues, si no hay Dios, ¿qué fundamento nos queda para los deberes morales objetivos? En la visión naturalista, los seres humanos son solo animales, y los animales no tienen obligaciones morales unos con los otros.

Por lo tanto, si no hay un legislador moral, entonces no hay una ley moral objetiva, y si no hay una ley moral objetiva, entonces no tenemos deberes morales objetivos.


En conclusión el relativismo moral no puede presentarse como un sistema moral, sino simplemente como un conjunto de opiniones. Estas opiniones no tienen sentido de autoridad, ni del deber, y pueden cambiar en cualquier momento. El relativismo es una filosofía que nadie puede ponerla en práctica en su propia vida, ya que ofrece soluciones para situaciones ideales, muy lejos de la realidad de la cual muchos son víctimas
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