¿Es posible que existan los milagros?


“Los milagros revelan elementos que no están presentes en el funcionamiento normal del mundo y que, por consiguiente, las leyes naturales no pueden explicarlos” (Doug Powell, “Guía Holman de Apologética Cristiana, pp. 204)

En otras palabras, un milagro es resultado de la intervención de otros elementos que no están presentes en las leyes naturales.
A modo de ejemplo pensemos en una pelota de tenis que sostenemos a 10 metros de altura del piso. Sabemos que en caso de soltarla la misma caerá hasta tocar el piso. Esta caída se produce por una ley natural, la ley de la gravedad, y por lo tanto el fin es predecible siempre y cuando no intervenga otro factor.

Sin embargo, si soltamos la pelota pero cuando está cayendo ponemos nuestra mano, la pelota irá en caída pero no llegará al piso ya que su recorrido es intervenido por un “agente externo” a la ley de la gravedad. Ahora bien, al poner nuestra mano ¿deja de cumplirse la ley de la gravedad? No, sigue cumpliendose. No obstante el resultado de ser intervenido altera el fin esa ley natural.

Y aquí se instala el debate de siempre sobre la existencia de Dios. Si Dios en realidad existe, es posible que los milagros existan, ya que El es un ser trascendente por lo que podría ocupar el lugar del agente externo que en el ejemplo mencionado sería la mano.
Además de esto, sabemos que Dios es un ser omnipotente y con voluntad propia, por lo cual tiene tanto el querer como el poder para intervenir de manera milagrosa.

Ahora bien, las ciencias tales como la física, matemática, química, entre otras, no pueden aprobar o reprobar la existencia de milagros ya que estas ciencias se basan en principios y leyes que no son alterables, sino que estudian las cosas regulares e incambiantes. En otras palabras, pueden estudiar la caída de la pelota, pero no pueden determinar la inesperada aparición de un agente externo ya que esto no es contemplado en ellas o al menos no de forma previsible. Si de antemano es sabido que intervendrá una mano si puede calcularse, pero al ser imprevisto esto no es posible.


Nunca he visto un milagro, ¿por qué creería en ellos?
A lo largo de toda la Biblia se mencionan milagros, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Además, el verdadero pueblo cristiano sigue creyendo en los milagros de Dios, y algunos de nosotros hemos sido testigos de que Dios los sigue realizando aún en la actualidad.

Ahora bien, quizá usted es ateo y diga que nunca ha visto un milagro ni conoce a nadie que lo haya visto o recibido, y que por lo tanto da por entendido que no existen. Este argumento no es lógico, ya que un acontecimiento pueda haberse producido pocas veces no implica su inexistencia.
Para contrarrestar esta creencia nos basta con mencionar algunos ejemplos como los juegos de azar. Si ha participado en alguna lotería o juegos de ese estilo, sabrá que es muy poco probable de ganarla o prácticamente imposible. En alguno de estos juegos la probabilidad de ganar es de 1 en 100.000.000 es decir un 0.0000001%. Cualquiera diría ¡es imposible ganar la lotería!, sin embargo se presentan ganadores todo el tiempo.
Otro caso a considerar es, por ejemplo, las enfermedades raras que aparecen en nuestro mundo. Hay enfermedades que solo la poseen 200 o 300 personas en todo el mundo, lo que significa una probabilidad de contraerla extremadamente baja, rozando la barrera de lo imposible. No obstante, estas enfermedades existen y hay personas que la padecen.

Es por este motivo que la afirmación de los ateos de la inexistencia de milagros por el simple hecho de no haber visto ninguno queda reducido a la nada. De todas maneras cabe destacar una vez más que Dios continúa haciendo milagros e incluso muchos ateos de toda la vida han comenzado a creer en Dios al poder contemplar un milagro. Que no hayan milagros (o al menos no visibles) todos los días no significa que no existan.

Los ejemplos anteriores podrían explicar, por ejemplo, los milagros de sanidad tales como la desaparición de un cáncer, en el cual Dios interviene y corta su avance por el cuerpo humano o directamente lo hace desaparecer.


Ahora bien, Dios no solo realiza milagros interrumpiendo el flujo normal de una ley o elemento (enfermedad, etc) sino que Él, siendo un ser todopoderoso, tiene control sobre todo el universo incluyendo las leyes y los fenómenos climáticos.
Por ejemplo, un milagro narrado en la Biblia es el del mar rojo abierto en dos. Según el relato de las Escrituras Dios usó un fuerte viento para dividir el mar en dos. En este caso Dios utiliza un fenómeno natural para realizar un milagro. El no interrumpió el flujo del agua, ni tampoco hizo desaparecer la misma, sino que utilizó la naturaleza misma para obrar ese milagro.


Y eso no es todo, ya que Dios es, además de omnipotente, un Dios de diversidad. El no hace las cosas siempre de la misma manera ni tampoco de la manera que nosotros pensamos que deben hacerse.

En una ocasión, tres jóvenes creyentes fueron lanzados a un horno ardiendo por no querer adorar una estatua lo cual Dios prohíbe. El rey de aquel entonces dió la orden de que sean lanzados a ese horno ardiente y que se calentara siete veces más de lo normal.
En este relato ocurren dos milagros. El primero es que los tres jóvenes no sufrieron ninguna quemadura ya que el calor del fuego no les afectó. El segundo es que al mirar el horno el rey mismo vió a cuatro personas en lugar de tres y a este cuarto personaje se lo atribuye como a Dios.
En el segundo milagro se ve a Dios entrar en la misma escena lo cual no sería tan asombroso sabiendo que era Dios y por lo tanto no está sujeto a ninguna ley física ya que Él trasciende todo.

Pero, ¿qué del primer milagro? Para esto me gustaría dar un ejemplo de la vida real.
Sabemos que el universo entero está bajo la ley de gravedad. No obstante, se sabe que cuanto más distanciados estamos, la gravedad va disminuyendo cada vez más.
Por lo tanto la ley de gravedad es una sola pero puede contener diferentes valores o ejercer distinta fuerza sobre un objeto o persona dependiendo de dónde nos encontremos, y esto es realizado sin intervención divina.
Me gusta este ejemplo ya que es muy útil en este caso. Sabemos que si el ser humano es expuesto al fuego el mismo sufre quemaduras debido al calor. En el caso narrado del horno ardiendo siete veces más de lo normal no solo hubiera provocado quemaduras sino la muerte de estos tres hombres. Sin embargo dice la Escritura que el rey y sus servidores vieron que el fuego “no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos”, y “sus ropas, intactas, ni siquiera olor de fuego tenían”.

¿Pero qué explicación hay para que ocurriera tal cosa? La misma que en la ley de la gravedad. Esta ley puede variar su efecto sobre personas y objetos, y en este caso el fuego también varió su efecto sobre estas personas, esta vez bajo la intervención de Dios. No sabemos la manera exacta en que Dios realizó esto ya que a diferencia del caso del mar rojo, esta vez no se nos detalla cómo fue obrado. Sin embargo todo hace creer que por ese instante y en ese horno, Dios cambió el efecto natural del fuego sobre esas tres personas.

¡Pero eso es imposible!. En realidad no. Así como Dios pudo cambiar la fuerza ejercida por la ley de la gravedad, Él también puede alterar el efecto del fuego sobre una persona en un instante dado.

Y de igual manera la Biblia presenta cientos de milagros los cuales no detallaremos uno a uno por razones lógicas. No obstante el concepto es el mismo en todos. Dios interviene en esas escenas desviando, cambiando, interviniendo o interrumpiendo el flujo normal de las leyes que nosotros llamamos naturales.


En conclusión, sabemos que la existencia de milagros demuestran la existencia de un ser supremo trascendente, omnipotente y con voluntad propia para poder realizarlos. A este ser nosotros lo llamamos Dios. No podrían existir los milagros sin la existencia de Dios, ya que se necesita un agente externo y trascendente que intervenga en el orden natural de las cosas.

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¡Dios le bendiga!

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