La teoría de la evolución


La teoría de la evolución es prácticamente aceptada hoy día en el mundo occidental como la explicación del origen del hombre. Muchos dan por sentado que la vida comenzó con una combinación casual de moléculas, progresando por niveles de complejidad crecientes, hasta que llegó a surgir el homo sapiens. Con el supuesto apoyo de una variedad de ciencias, incluyendo la química, la geología, la botánica, la zoología y la genética, aquellos que defienden las pretensiones del evolucionismo dicen que la cuestión está “científicamente demostrada” y lo consideran un caso cerrado. La mayoría de ellos insisten en que ya no se debe pensar en la evolución como teoría, sino que se debe considerar un hecho.

“El darvinismo permanece como una de las teorías científicas de mayor éxito que se han promulgado”, menciona la revista Time(Lee Strobel, “El caso de la fe”, pp. 101.).

De esta manera, la cultura actual está dominada y encauzada por la ideología evolucionista. Según esta ideología, no existe ningún Relojero, ningún Creador que haya creado el Universo, ni que pueda intervenir en él.
Por otro lado, existe un conflicto permanente entre el evolucionismo y el cristianismo.

El biólogo molecular y físico australiano Michael Denton mencionó que el darvinismo “rompió la cadena del hombre con Dios, y lo mandó a pique en los cosmos sin propósito”(Íbid, pp. 102.).

Nancy Pearcey, quien escribió extensamente sobre ciencia y fe, insiste en que “puedes tener a Dios o a la selección natural, pero no a ambos”(Lee Strobel, “El caso del Creador”, pp.27.).

Darwin mismo reconoció que la presencia de una deidad omnipotente realmente socavaría su teoría. Él dijo: “Si admitimos a Dios en este proceso, entonces Dios se aseguraría de que solamente ocurrieran las variaciones correctas… y la selección natural sería superflua”(Íbid.).

El profesor de leyes Phillip Jhonson, autor de la innovador crítica evolucionista “Proceso a Darwin”, está de acuerdo con que “el fin del darwinismo es mostrar que no hay necesidad de un creador sobrenatural porque la naturaleza se puede crear a sí misma”(Íbid.).

La revista Time resumió el asunto de forma breve: “Charles Darwin no quería asesinar a Dios, como una vez lo dijo, sin embargo, lo hizo”(Íbid, pp. 28.).

Según la teoría de la evolución, todos los seres vivos han venido a la existencia por procesos naturales, mecanicistas, y evolutivos, a partir de la materia inanimada. Estos procesos se atribuyen solamente a propiedades inherentes de la materia y son, por lo tanto, operativos todavía hoy en día.
La teoría de la creación, por otra parte, postula que todos los tipos básicos animales y vegetales (los géneros creados) vinieron a la existencia por la acción de un Ser preexistente utilizando procesos especiales que no operan hoy en día. Las variaciones que han tenido lugar desde la creación han quedado encerradas dentro de los límites de cada género creado.

Los evolucionistas insisten en que la creación debe ser excluida de la más mínima consideración como una posible explicación de los orígenes, sobre la base de que no puede ser calificada de teoría científica.

Sin embargo, ¿Cuál es el criterio que debe cumplir una teoría para ser considerada científica en el sentido generalmente aceptado?

Para que una teoría pueda ser calificada de científica, debe ser apoyada por sucesos o procesos que puedan ser observados cuando ocurren. La teoría además debe ser útil prediciendo el comportamiento y resultados de futuros fenómenos naturales o experimentos de laboratorio.

Es en base de tal criterio que la mayor parte de los evolucionistas insisten en que la
creación no puede ser considerada como una posible explicación de los orígenes de la vida. Ellos mencionan que la creación no ha sido testificada por observadores humanos, por lo tanto, no puede ser comprobada científicamente, y como teoría no es «falsable».

Sin embargo, la teoría general de la evolución (teoría de la molécula al hombre) también falla en el mismo punto. Las especulaciones y los experimentos de laboratorio relacionados con el origen de la vida, quedan totalmente fuera del campo científico, ya que debido a la propia naturaleza del proceso no podría quedar ninguna evidencia de aquel origen que hubiera llegado hasta nosotros y que pudiéramos estudiar.

La evolución en este amplio sentido no está demostrada y no se puede demostrar, y, por lo tanto, no puede ser considerada como un hecho. No está sujeta a prueba por los métodos normales de la ciencia experimental: Observación y falsación. De esta manera, no podría ser ni siquiera calificada de teoría científica. Es sólo un postulado, que puede servir como modelo para intentar explicar y correlacionar los datos que tenemos en el registro fósil.

La creación, por otro lado, tampoco puede probarse por los métodos de la ciencia experimental. Según el criterio expresado anteriormente, tampoco la podemos calificar de teoría científica, ya que la creación habría sido inobservable y, como teoría, sería no-falsable. La creación es, por tanto, como la evolución, un postulado que puede servir como modelo para explicar y correlacionar la evidencia relacionada con los orígenes. La creación no es, en este punto, ni más religiosa ni menos científica que la evolución. De hecho, a muchos científicos en la actualidad les parece que la creación es muy superior al modelo evolucionista como explicación de los orígenes.

El físico teórico George Stanciu y el filósofo científico Robert Auguros dijeron: “La vieja historia de la ciencia es el materialismo científico, la cual asegura que sólo la materia existe y que todas las cosas se explican solamente en términos de la materia”. Sin embargo, afirmaron en los años recientes: “La ciencia ha sufrido una serie de revoluciones dramáticas que han transformado la concepción moderna del hombre y su lugar en el mundo”(Lee Strobel, “El caso del Creador”, pp.34.).

El bioquímico Michael Behe dijo: “La conclusión del diseño inteligente brota con naturalidad de los datos mismos, no de libros sagrados ni creencias sectarias...La renuencia de la ciencia en abrazar la conclusión del diseño inteligente...no tiene base justificable...Muchas personas, incluyendo muchos importantes y bien respetados científicos, simplemente no quieren que exista nada más allá de la naturaleza”(Lee Strobel, “El caso de la Fe”, pp 103.).

No se trata entonces de un caso de religión contra ciencia, es un asunto de ciencia contra ciencia. En los últimos años, un número creciente de biólogos, bioquímicos y otros investigadores, han hecho objeciones serias a la teoría de la evolución, diciendo que muchas de sus amplias conclusiones se basan a veces en datos poco convincentes, incompletos o deficientes.

Se ha considerado que más que una teoría, la evolución es una religión defendida apasionadamente por sus devotos.

El profesor Louis T. More, uno de los evolucionistas dice: "Cuanto más estudia uno la paleontología (los documentos fósiles), tanto más seguro llego a estar de que la evolución se basa sólo en la fe”.
El profesor D.M.S. Watson, famoso evolucionista, hizo la notable observación de que la evolución es una teoría universalmente aceptada, "no porque se haya observado que ha ocurrido, ni porque pueda probarse que sea cierta mediante evidencias lógicamente coherentes, sino porque la única alternativa, la creación especial, es claramente increíble”(James Keenedy, “Por qué creo”, pp 47.).

Los nuevos descubrimientos realizados en los últimos 30 años han provocado que un creciente número de científicos contradiga a Darwin, y que asuman que hubo un Diseñador Inteligente tras la creación y el desarrollo de la vida.



El experimento de Stanley Miller
En 1953, Stanley Miller, un estudiante graduado de la universidad de Chicago intentó reproducir el origen de la vida a través de un experimento de laboratorio. Utilizando una atmósfera similar a la de la tierra primitiva (basado en las teorías atmosféricas de su consejero de doctorado y ganador del premio nóbel Harold Urey), y luego disparando impulsos eléctricos a través de ella a manera de rayos, Miller pudo obtener una sustancia pegajosa roja que contenía aminoácidos.

Este experimento dio paso a la teoría del origen espontáneo de la vida a través del caldo primitivo. Estos organismos vivos podrían luego desarrollarse naturalmente a través de las edades hasta formar criaturas más complicadas.

Esto dejaría de lado la creencia de un Dios creador, pero en realidad, ¿Miller utilizó para su experimento una atmósfera similar a la del medio ambiente de la tierra primitiva?

Nadie puede afirmar con seguridad como era la atmósfera al principio, pero el consenso actual es que la atmósfera no era nada parecida a la que utilizó Miller. Él utilizó para su experimento una mezcla de metano, amoníaco y vapor de agua rico en hidrógeno, lo cual era consistente con la opinión de la mayoría de los científicos de esa época. Sin embargo, los científicos ya no opinan de la misma manera. La hipótesis actual mantiene que la atmósfera primitiva tendría escaso hidrógeno el cual se habría escapado al espacio. En lugar de eso, la atmósfera probablemente habría consistido de dióxido de carbono, nitrógeno y vapor de agua.

Pero ¿qué pasaría si se volviera a hacer el experimento de Miller con la atmósfera exacta? Lo que se obtendría sería formaldehído y cianuro los cuales son extremadamente tóxicos para la vida.

Por otro lado, incluso si el experimento de Miller explicara el origen de los aminoácidos, esto estaría muy lejos de producir una célula viva. Tendríamos que tener el número correcto de los tipos adecuados de los aminoácidos para poder ligarlos y así crear una molécula de proteína, lo cual estaría muy lejos de producir una célula viva. La brecha entre compuestos químicos no vivos y entre los organismos vivos primitivos es absolutamente tremenda.

Por lo tanto, a pesar de que todavía figura en muchos libros de texto, el experimento de Miller carece de significado hoy en día. La teoría todavía figura como cierta sin embargo, ya que pretende ser enmascarada como ciencia empírica. Se asume que la vida tuvo que haberse desarrollado de esta forma porque no existe otra explicación materialista para el fenómeno.

Walter Bradley, coautor del famoso libro “El misterio del origen de la vida” en 1984, mantiene que las teorías científicas acerca del desarrollo gradual de la primera célula viva (incluyendo la selección natural, la afinidad química, la autoordenación, los vientos profundos del océano y la participación del barro en el proceso de ensamble de los químicos prebióticos), ninguna de ellas puede sostenerse a un escrutinio científico, y afirma que la evidencia fuerte apunta hacia una inteligencia detrás de la creación de la vida. De hecho afirmó “Pienso que la gente que cree que la vida surgió naturalmente necesita tener mucha más fe que la gente que razonablemente infiere que hay un Diseñador Inteligente”(Lee Strobel, “El caso del Creador”, pp. 49.).

Incluso el bioquímico y escéptico espiritual Francis Crick, el cual compartió el premio Nóbel por descubrir la estructura molecular del ADN, dijo: “Un hombre honesto, armado con todo el conocimiento disponible para nosotros ahora, podría solamente declarar de alguna manera que el origen de la vida parece ser en este momento casi un milagro...”(Lee Strobel, “El caso del Creador”, pp. 50.).



El árbol de la vida de Darwin
Se acepta que la evolución es verdadera hasta cierto grado. Existen grandes variaciones dentro de las especies de los animales y plantas que explica porqué por ejemplo existen más 200 variedades diferentes de perros, de vacas con la capacidad de reproducción para mejorar la producción de leche, y de bacterias que pueden adaptarse y desarrollar inmunidad frente a los antibióticos. Esto se conoce como “microevolución”.

Sin embargo, la teoría de Darwin se excede por mucho a lo que mencionamos anteriormente. Ésta explica que la vida comenzó hace millones de años a partir de simples células, que luego se desarrollaron mediante la mutación y la selección natural, en el inmenso orden de plantas y animales que habitan el planeta. Por otro lado, la teoría de Darwin afirma que el ser humano entró en escena del mismo antepasado común similar al mono. Los científicos llaman a esta teoría controversial la “macroevolución”.

El dibujo bosquejeado de Darwin para “El origen de las especies”, ilustra su teoría de que todas las criaturas vivientes tuvieron un ancestro común, y que la selección natural condujo el desarrollo de los numerosos organismos vivos que vemos en el mundo de hoy. Darwin mantenía que si una población era expuesta a una serie de condiciones, y otra parte de la población experimentaba otras condiciones, entonces las dos poblaciones se podrían modificar de diferentes formas mediante la selección natural. Con el paso del tiempo, una especie podría producir varias variaciones, y si estas variaciones se mantenían, se convertirían al final en especies separadas. Esto es lo que ilustraba en árbol con ramas del origen de la vida de Darwin.

La teoría de Darwin afirma que existió una larga historia de divergencias graduales desde un ancestro común, haciéndose las diferencias lentamente más y más grandes, hasta obtener las diferencias que tenemos hoy en día. Sin embargo, el mismo Darwin reconoció que grandes grupos de animales (llamados “filum”) aparecen repentinamente en el registro fósil. La rápida aparición de niveles filum diferentes se denomina “la explosión cámbrica”. Darwin creía que los descubrimientos futuros de fósiles vindicarían su teoría, sin embargo, en los últimos 150 años los descubrimientos de fósiles han desacreditado la teoría del árbol evolutivo, mostrando que la explosión cámbrica fue incluso más abrupta y extensa de lo que los científicos pensaron alguna vez.

En la actualidad se sabe, que existe una gran escasez de fósiles que demuestren la transición entre varias especies de animales. El mismo Darwin confesó que la falta de estos fósiles sería quizás la objeción más obvia y seria para su teoría. Hoy día a aproximadamente 120 años después de Darwin, existen un cuarto de millón de especies de fósiles encontrados, pero la situación no ha cambiado mucho. Incluso existen menos ejemplos de transiciones evolutivas de las que habían en el tiempo de Darwin.

En su libro “Origen de las especies”, Darwin admite: “Si se pudiera demostrar que existía cualquier organismo complicado que era imposible que se formara por numerosas, sucesivas y ligeras modificaciones, mi teoría se destruiría por completo”(Lee Strobel, “El caso de la fe”, pp. 105.).

Por otro lado, la evidencia fósil ha demostrado en la actualidad que en algunas rocas fechadas en 570 millones de años atrás, se puede ver la repentina aparición de casi todos los tipos de animales, los cuales aparecen formados por completo sin ningún vestigio de los antepasados evolutivos que exigen los darvinistas.

La teoría de la “Explosión Cámbrica” o también llamado “Big Bang biológico” afirma lo anteriormente mencionado. Se piensa que el Cámbrico fue un período geológico que comenzó hace 540 millones de años, en el cual se produjo la aparición repentina de la mayor parte de las especies de animales que viven hoy en día y algunas que ya están extinguidas. Los registros fósiles muestran la existencia repentina de artrópodos, representaciones de los modernos insectos, cangrejos y sus semejantes los equinodermos, los cordados (que incluyen los vertebrados modernos), etc. Los mamíferos aparecen posteriormente, pero los cordados (grupo principal al cual pertenecen) ya existían en el comienzo del Cámbrico. Esto es absolutamente contrario al árbol de la vida de Darwin. Estos animales que son tan complejos desde el punto de vista biológico, aparecen desarrollados en forma repentina. Esto es lo que los paleontólogos han llamado el más espectacular fenómeno del registro fósil. Este es un fenómeno que apunta más hacia la existencia de un Creador que al mismo darvinismo.



Los embriones de Ernst Heackel
Los bocetos de embriones de Ernst Heackel, los cuales figuran en prácticamente todo libro evolucionista, muestran dibujos yuxtapuestos de un pez embrionario, una salamandra, una tortuga, un pollo, un cerdo, un becerro, un conejo y un ser humano. Heackel estableció gráficamente que todos tenían un parecido impresionante en sus primeras etapas del desarrollo, y no era hasta más adelante que se tornaban claramente diferentes.
Estas ilustraciones apoyaban las aseveraciones de Darwin en favor de su teoría de que todos los organismos comparten un ancestro universal.

Sin embargo existe una gran discrepancia entre los dibujos de Darwin y las fotos recientes de embriones. Existen tres errores fundamentales con los dibujos de Heckel:

- El primero y gran error es que no existen las supuestas “similitudes” en las primeras etapas embrionarias entre las distintas especies. Aparentemente Haeckel usó el mismo grabado para imprimir sus embriones de diferentes clases. Estaba supuestamente tan convencido en su teoría que no pensó en que tenía que dibujarlos separadamente. Es decir, terminó manipulando los dibujos para que se vieran más parecidos de lo que realmente son. Esto salió a la luz a fines de los años 1860, cuando sus colegas lo acusaron de fraude.

- Otro de los errores es que Haeckel escogió muy bien sus ejemplos. Sólo mostró algunas de las siete clase de vertebrados. En su más famosa representación existen ocho columnas.
Cuatro son mamíferos, pero todos son mamíferos de placenta. Hay otros dos tipos de mamíferos los cuales no mostró y que son diferentes. Las otras cuatro clases que mostró (reptiles, pájaros, anfibios y peces) son los más parecidos entre sí. Usó una salamandra para representar a los anfibios en lugar de una rana, la cual se ve muy diferente. Parecería como que Haeckel hubiera arreglado las cosas para que se acomodaran a su teoría, falsificando luego aún más las similitudes.

- Por otro lado, lo que Heackel afirma como la primera etapa del desarrollo es en realidad el punto medio del desarrollo. Si nos trasladamos más allá a las primeras etapas, los embriones se ven mucho más diferentes unos de otros. Estas etapas fueron deliberadamente omitidas por Haeckel.

Se sabe que los embriones vertebrados empiezan siendo muy diferentes en las etapas primeras de división celular. La división celular en un mamífero es radicalmente diferente de los de otras clases.



El Archaeopteryx o eslabón perdido
En su libro “El origen de las especies” publicado en 1859, Darwin manifestó que la objeción más obvia y grave que podría surgir en contra de su teoría era que el registro fósil fallara en respaldar su hipótesis de la evolución. Darwin se preguntaba porqué no veía por todos lados innumerables formas de transición, asumiendo que las especies habían descendido de otras especies por graduaciones insensiblemente finas. Él consideró que el registro fósil era incompleto y predijo que futuros descubrimientos vindicarían su teoría.

Dos años más tarde, unos científicos encontraron al “Archaeopteryx” en un llano alemán. Se pensó entonces que este era el eslabón perdido entre los reptiles y los pájaros modernos y que sería el primero de muchos futuros descubrimientos que validarían la teoría de Darwin.

Pero, ¿En realidad el Archeopteryx llena la brecha entre los reptiles y los pájaros modernos?

Los davinistas extremistas asumen que la forma principal en que se puede agrupar a los animales en el árbol de la evolución es a través de la homología. Cuando van al registro fósil, asumen que los pájaros provienen de los reptiles por ancestro común, y buscan reptiles que son más parecidos a los pájaros en estructura esquelética. Sin embargo, estos reptiles aparecen en el registro fósil millones de años después del Archaeopteryx. Por lo tanto, el eslabón perdido todavía está perdido. Los evolucionistas persisten ahora buscando otro ancestro teórico para llenar las brechas, pero aún no se ha encontrado.

Por otro lado, se sabe que el Archeopteryx no es mitad pájaro y mitad reptil, sino que es un pájaro con plumas modernas. Los pájaros son muy diferentes a los reptiles en muchos aspectos: su sistema respiratorio, su estructura ósea, sus pulmones, su distribución de músculos y peso. En 1985 Larry Martin, un paleontólogo de la Uniersidad de Kansas, dijo que el Archaeopteryx no es el ancestro de ningún pájaro moderno, al contrario, es un miembro de un grupo de pájaros totalmente extinguidos en la actualidad.

Incluso el evolucionista Pierre Lecomte du Nouy mencionó que un animal que desplega características pertenecientes a dos grupos diferentes no puede ser tratado como un verdadero eslabón mientras las etapas intermediarias no se encuentren y mientras los mecanismos de transición permanezcan desconocidos.



Conclusión
En base a los datos analizados, vemos que la evidencia a favor del darvinismo no es solo completamente inadecuada, sino que está sistemáticamente distorcionada. El darvinismo es meramente una filosofía materialista disfrazada como ciencia.
Por otro lado, la ciencia actual apunta fuertemente hacia el diseño. El desarrollo de un embrión es evidencia de “diseño”. La explosión cámbrica (la repentina aparición de vida compleja sin evidencia de ancestros previos) es más consistente con el “diseño” que con la evolución. La homología es evidencia de un diseñador.

Sin embargo, a pesar de las evidencias actuales a favor del diseño, la cultura actual sigue dominada y encauzada por la ideología evolucionista. Según esta ideología, no existe ningún Relojero, ningún Creador que haya creado el Universo, ni que tampoco pueda intervenir en él.
Los que defienden esta ideología evolucionista han conducido la cultura actual hacia un destino dirigido por la humanidad misma, en un universo sin propósito, sin significado y sin destino. El evolucionismo ha despersonalizado al ser humano, inculcándonos la idea de que nuestra existencia es fortuita, sin propósito, sin origen ni destino.
Los diferentes enfoques del argumento del diseño tratan de probar una misma cosa: que el naturalismo agota sus respuestas al tratar de explicar los hechos de la naturaleza. Sin embargo, no es esta limitación la que nos lleva a afirmar en la existencia de un diseñador inteligente. La precisión del universo, la naturaleza de la información del ADN, y los múltiples ejemplos que nos muestran que la complejidad de los seres vivos no puede explicarse a través de fuerzas aleatorias, son todos elementos que apuntan a un diseñador inteligente, trascendente y personal.
El argumento del diseño no prueba que el cristianismo sea la única religión verdadera, pero no quedan dudas de que el Dios que presenta la Biblia es coherente con el tipo de diseñador inteligente que hace alusión este argumento. Por otro lado, la verdad del cristianismo no se sustenta ni se derrumba por la confirmación de la macroevolución. Si ésta última se comprobara científicamente, esto no implicaría excluir ni descartar la posibilidad de que Dios se valiera de la evolución como el medio para llevar a cabo su diseño. En ese caso inclusive, se necesitaría también de un ser inteligente que iniciara, dirigiera el proceso, creara los lenguajes y códigos necesarios para el cambio de información y determinara el propósito y diseño de los mecanismos biológicos.

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