Argumentos del diseño


El nombre formal del argumento del diseño es “argumento teleológico”. La palabra griega “telos” significa finalidad; de modo que la teleología es aquel concepto de la filosofía que ve que en el universo todas las cosas están destinadas para un propósito, para una finalidad.

Imagine que va caminando por un bosque y encuentra un reloj en el suelo. ¿Qué es lo primero que le vendría a la mente? ¿Pensaría que una combinación de factores aleatorios a lo largo del tiempo dieron como resultado la formación de un reloj que luego brotó de la tierra? ¿Se le ocurriría que por obra del azar pequeños trozos de metal desperdigados llegaron a unirse entre sí de tal manera que produjeron un objeto de gran utilidad? ¿Qué se formó un resorte sin propósito aparente y, por casualidad, se encontró con un engranaje que también se había formado sin ningún propósito, y que luego se unieron, accidentalmente, con otros resortes y engranajes, hasta que finalmente formaron un instrumento preciso y funcional que sirve para medir el tiempo? No, claro que no. Lo primero que pensaría es que ese reloj se le cayó a alguien. Esto se debe a que sus características hablan muy claramente de un mecanismo que fue diseñado.

La precisión y la finalidad del mecanismo denotan un propósito, un plan. Debió existir una inteligencia superior que concibió la idea del reloj, y de sus mecanismos, y luego lo creó.

Esta analogía intenta demostrar que al observar la naturaleza, desde sus expresiones más pequeñas (como una proteína o una célula), hasta sus expresiones a gran escala (un organismo complejo o incluso el universo), vemos en ella precisión y finalidad, un propósito, un plan. Esta finalidad es producto de una mente que actúa y no fruto del azar.


1. El “ajuste fino” como diseño: el principio antrópico
Los científicos han comprobado que el universo se caracteriza por un enorme grado de precisión. De hecho, el grado de precisión es tan alto que una mínima modificación de algunos parámetros destruiría la vida tal como la conocemos.

En las últimas décadas los científicos se han visto sorprendidos por el descubrimiento de que las condiciones iniciales del Big Bang fueron delicadamente sintonizadas para la existencia de vida inteligente, con una precisión y delicadeza que literalmente desafían la comprensión humana.
Esta sintonización es de dos clases: primero, cuando las leyes de la naturaleza se expresan como ecuaciones matemáticas, se encuentra que en ellas aparecen ciertas constantes como la constante gravitacional. Estas constantes no están determinadas por las leyes de la naturaleza.
Segundo, además de estas constantes hay ciertas cantidades arbitrarias que aparecen añadidas a las condiciones iniciales en las que las leyes de la naturaleza operan. Por ejemplo, la cantidad de entropía o el equilibrio entre materia y antimateria en el universo.

Ahora bien, todas estas constantes y cantidades caen en un rango extraordinariamente estrecho de valores que permiten la existencia de vida. Ahora sabemos, que los universos que no permitan la vida son incomprensiblemente más probables que un universo que permita la vida. Si estas constantes o cantidades estuvieran alteradas por tan poco como el ancho de un cabello, el balance que permite la vida se destruiría y la vida no existiría.

Estas coincidencias para estas condiciones precisas son demasiado asombrosas como para ser resultado de la casualidad.

En cuanto a la Constante de la gravedad, imaginemos una regla que se prolonga a través de todo el universo. Sería una regla con marcas de incrementos de una pulgada (2.5 cm), lo que significa que habría miles de millones de miles de millones de miles de millones de pulgadas o centímetros. La regla entera representa la diversidad de variaciones de fuerza en la naturaleza, siendo la gravedad la fuerza más débil y la más fuerte la interacción nuclear, la cual mantiene los protones y neutrones juntos en el núcleo, esta es unos cien mil millones de millones de miles de millones de miles de millones de miles de millones de veces más fuerte que la gravedad. El rango de valores posibles de la fuerza de la gravedad puede ser tomado de manera plausible como si fuera al menos tan grande como el rango total de intensidades de la fuerza.

Ahora bien, imaginemos que queremos mover la regla de donde está actualmente fijo. Incluso si solamente lo moviera una sola pulgada (2.5 cm), el impacto en la vida en el universo sería catastrófico. Ese pequeño ajuste de la regla incrementaría la gravedad mil millones de veces. Sin embargo, este número grandísimo en relación al rango total de variaciones de fuerza en la naturaleza es extraordinariamente pequeño, solo una parte de los diez mil billones.
Si esto ocurriera, los animales en cualquier sitio, que tuvieran un tamaño semejante a los seres humanos serían aplastados. Un planeta con una fuerza gravitaciones de mil veces la de la Tierra, tendría un diámetro de solamente 13 metros aproximadamente, lo cual no sería suficiente para sustentar un ecosistema. Además, las estrellas con una vida media de más de mil millones de años, comparados a los diez mil millones de años de nuestro sol, no podrían existir si se incrementara la gravedad solamente tres mil veces.

En comparación con el rango total de variaciones de fuerza en la naturaleza, la gravedad tiene un rango delgado e incomprensible para que exista la vida. De todas las configuraciones posibles en la regla, desde uno a otro lado del universo, ocurre que está situada en justo la fracción exacta de una pulgada para hacer de nuestro universo un lugar capaz de sustentar la vida.

La gravedad es sólo un parámetro que los científicos han estudiado. Los expertos manifiestan que existen más de 30 parámetros físicos o cosmológicos que requieren calibración precisa para poder producir un universo capaz de sustentar la vida.

En su libro “The Creator and the Cosmos” el físico y astrónomo Hugh Ross enumero 25 parámetros, cada uno de los cuales debe cuadrar dentro de un campo muy estrecho a fin de que la vida sea posible. Algunos de ellos son:

            - Constante de la fuerza nuclear fuerte.
            - Constante de la fuerza nuclear débil.
            - Constante de la fuerza gravitatoria.
            - Constante de la fuerza electromagnética.
            - Relación entre la constante de la fuerza electromagnética y la constante de la fuerza gravitatoria.
            - Relación entre la masa del electrón y la masa del protón.
            - Relación entre la cantidad de protones y la cantidad de electrones.
            - Velocidad de expansión del universo.
            - Nivel de entropía del universo.
            - Densidad de la masa del universo.
            - Velocidad de la luz.
            - Edad del universo.
            - Uniformidad inicial de la radiación.
            - Constante de la estructura fina.
            - Distancia media entre estrellas.

El premio Nóbel de física Steven Weinberg, un ateísta declarado, ha expresado asombro por la forma en que la constante cosmológica (la densidad de energía del espacio vacío) está extraordinariamente bien ajustada a nuestro favor. Esta constante, que es parte de la ecuación de Einstein para la relatividad general, podría tener cualquier valor positivo o negativo. Pero si fuera grande y positiva, la constante cosmológica actuaría como una fuerza que se incrementaría con la distancia. Esta fuerza impediría a la materia amontonarse en el universo temprano, un proceso que fue el primer paso en la formación de galaxias, estrellas, y planetas. Si la constante fuera grande y negativa, actuaría como una fuerza de atracción que se incrementaría con la distancia, una fuerza que casi inmediatamente revertiría la expansión del universo y causaría que se colapsara.

En contraste, las observaciones astronómicas han demostrado que la constante cosmológica es más bien pequeña, mucho más pequeña de lo que se habría previsto a partir de los principios. El ajuste fino de esta constante se ha estimado de forma conservadora en al menos una parte en un número seguido de 54 ceros. Esto sería como si estuviéramos en el espacio y fuéramos a lanzar un dardo al azar hacia la Tierra. Sería como atinar a un blanco del tamaño de un billonésimo de billonésimo de pulgada de diámetro. Eso es menos que el tamaño de un átomo solitario.

La configuración de la constante cosmológica asombrosamente precisa y contra-intuitiva es ampliamente referida como el problema más grande que enfrentan la física y la cosmología hoy día. “Si la constante cosmológica fuese el único ejemplo de ajuste fino, y si no hubiera explicación natural para ella, entonces esto sería suficiente por sí mismo para establecer sólidamente la realidad del diseño” (Robin Collins, Doctor en física).

Si pensamos reunir la evidencia para solamente las dos constantes mencionadas, la constante cosmológica y la fuerza de gravedad, cuando se combinan las dos, el ajuste fino sería de una precisión de una parte en cien millones de billones de billones de billones de billones de billones de billones. Esto sería equivalente a un solo átomo del universo entero.
El asombroso equilibrio y la precisión puestos de manifiesto en cada uno de los más de 30 parámetros, revela un orden que apunta hacia alguien que lo estableció, un ser que diseñó el universo con un propósito determinado.
- Si consideramos la masa y el tamaño del planeta en que vivimos, éstos son justamente los correctos para permitir la vida. Si la tierra fuera un diez por ciento mayor o menor de lo que es, no sería posible la vida en este planeta.

- Ninguno de los otros planetas está inclinado como el nuestro: a 23 grados. Este ángulo permite que la Tierra voltee lentamente todas las partes de su superficie ante los rayos del Sol. Si su eje no tuviera esa inclinación, se acumularían grandes masas de hielo en los polos, y la parte central de la tierra se volvería intensamente caliente, lo cual haría imposible la vida tal como la conocemos.

- Si la distancia que separa la Tierra del Sol fuera mayor, el frío extremo impediría el equilibrio en el ciclo del agua; pero si la distancia fuera menor, el planeta sería demasiado caliente y tampoco habría equilibrio en el ciclo del agua. Además, la Tierra está justamente a la distancia correcta del Sol, para recibir la cantidad correcta de calor y de luz. Si la tierra estuviera más lejos de él, nos congelaríamos; y si estuviera más cerca, como a la distancia a que están Mercurio o Venus, no podríamos sobrevivir.

- Si la corteza terrestre fuese más gruesa, la transferencia de oxígeno desde la atmósfera a la corteza sería excesiva; pero si la corteza fuera más delgada, habría exceso de actividad volcánica y tectónica.

- Vivimos bajo un gran océano de aire compuesto de un 78 por ciento de nitrógeno, un 21 por ciento de oxígeno y el 1 por ciento restante, de casi una docena de microelementos. Los estudios espectrográficos de otros planetas del universo estelar demuestran que ninguna otra atmósfera, ninguna otra parte del universo conocido, está compuesta de estos mismos ingredientes, ni de nada que se parezca a esta composición. Estos elementos no están combinados químicamente, sino que se mezclan mecánicamente en forma continua, mediante los efectos de marea que la Luna produce sobre la atmósfera. Si la atmósfera no tuviera el espesor que tiene, los miles de millones de meteoritos y de trozos de desechos cósmicos que caen continuamente sobre nuestro planeta, nos triturarían de seguro.

- Si la atracción gravitatoria de la Luna fuera mayor, las mareas océanicas y la atmósfera y el período de rotación resultarían gravemente afectados; pero si fuera menor, la oblicuidad de la órbita de la Tierra se modificaría demasiado provocando alteraciones climáticas. Sin las mareas que crea la Luna, todos nuestros puertos y playas se convertirían en un pozo hediondo lleno de basura, y sería imposible vivir cerca de ellos en ningún lugar. A causa de la marea, continuas olas rompen en las costas del océano, con lo cual airean los océanos de este planeta y proveen oxígeno para el plancton, que es el fundamento mismo de la cadena alimenticia de nuestro mundo. Sin el plancton, no habría oxígeno, y el hombre no podría vivir en esta tierra.

- Si la duración del día fuera mayor, las diferencias de temperatura serían demasiado grandes para permitir el desarrollo de la vida; pero si la duración del día fuera menor, la velocidad de los vientos sería tan alta que no sería posible sobrevivir.

- El nitrógeno es un elemento sumamente inerte. Si no fuera así, seríamos envenenados por diferentes formas de combinaciones nitrosas. Sin embargo, debido a que es inerte, es imposible que consigamos combinarlo naturalmente con otras cosas. Las plantas definidamente lo necesitan en la tierra. Cien mil relámpagos caen en este planeta diariamente, y crean cien millones de toneladas de nitrógeno útil como alimento de las plantas en el suelo todos los años.

- En ninguna otra parte del universo hallamos agua en abundancia, excepto en la Tierra. Este asombroso líquido existe como hielo, que resquebraja las piedras y produce suelo. Como nieve, almacena agua en los valles. Como lluvia, riega y purifica la tierra. Como vapor en la naturaleza, provee humedad para la mayor parte de tierras arables. Existe como cubierta de nubes, precisamente en la cantidad correcta. Si tuviéramos nubes como Venus, la Tierra no podría existir. Pero tenemos exactamente el 50 por ciento de la superficie de la tierra cubierta de nubes en cualquier tiempo, lo cual permite que pase la correcta cantidad de luz solar.



2. El orden como información: el ADN
Durante más de cincuenta años, conforme los científicos han ido estudiando los 2 metros de ADN que están cuidadosamente enrollados dentro de cada una de las cien billones de células de nuestro cuerpo, se han maravillado de la manera en que provee la información genética necesaria para crear todas las proteínas de las que nuestro cuerpo está compuesto. En realidad, cada uno de los 30 mil genes que están incrustados en nuestros 23 pares de cromosomas puede producir tantos como 20.500 tipos diferentes de proteínas.

La sorprendente capacidad del ADN microscópico de alojar esta montaña de información, codificada cuidadosamente en un alfabeto químico de 4 letras, sobrepasa inmensamente a la de cualquier otro sistema conocido.

El ADN funciona como un almacén de información para un proceso de manufactura finamente coreografiado, en el cual los aminoácidos correctos se enlazan con los enlaces correctos en la secuencia correcta para producir el tipo correcto de proteínas que se doblan en la forma correcta para originar sistemas biológicos.

Que el ADN contiene información está más allá de toda discusión, de hecho, sabemos que almacena y recupera información, corrige los errores que se producen en la replicación, contiene información repetida o redundancias, de modo que si un gen muta se lo puede suprimir sin causar daño, contiene superposiciones de secuencias génicas, proporciona información para más de una proteína, se lo puede expresar en términos matemáticos (es digital), y alberga igual cantidad de información que un volumen regular de una enciclopedia.

Cuando los científicos anunciaron que habían finalmente identificado los tres mil millones de códigos del genoma humano, parecía apropiado que abundaran las referencias a lo divino. El ex presidente Clinton dijo que los científicos estaban “aprendiendo el idioma en que Dios creó la vida”(Lee Strobel, “El caso del Creador”, pp. 277.), mientras que el genetista Francis S. Collins, director del Proyecto Genoma Humano, dijo que el ADN era “nuestro propio libro de instrucciones, el cual solo había sido conocido previamente por Dios”(Íbid.).

¿Estas referencias públicas hacia un Creador se hicieron sólo con el propósito de ser cortés con un país predominantemente teísta? ¿O la información del ADN en realidad lleva sin lugar a dudas a la conclusión de que un diseñador inteligente le infundió al material genético las instrucciones para producir proteínas?
¿Existe algún proceso naturalista que pueda dar cuenta de la aparición de esta información biológica en las células más primitivas?

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