Argumentos cosmológicos


El argumento cosmológico a favor de la existencia de Dios intenta probar que si algo existe se debe a que hay un Dios que lo creó. Este argumento intenta demostrar que el universo no es una entidad necesaria y no puede, por tanto, explicarse a sí mismo. Existen básicamente tres clases de argumentos cosmológicos:

Argumento kalam
El argumento cosmológico de kalam busca demostrar que el universo no es eterno, que necesariamente debió tener un comienzo.
El argumento Kalam tiene tres pasos simples: “Todo lo que empieza a existir tiene una causa. El universo empezó a existir. Por lo tanto el universo tiene una causa.”

La premisa de que todo lo que empieza tiene una causa es intuitivamente obvia una vez que se entiende con claridad el concepto de la nada absoluta. La idea de que las cosas pueden llegar a existir de la nada sin causa aparente es peor que la magia. ¡Por lo menos cuando un mago saca un conejo de un sombrero, hay un mago y un sombrero! Pero en el ateísmo, el universo salta a la existencia de la nada, sin ninguna explicación.

Además existe evidencia científica que apoya la verdad de esta premisa. Nunca vemos que las cosas empiecen a existir sin causa, de la nada. Este es un principio que es constantemente verificado por la ciencia.

El eje central del argumento Kalam es la idea de que existen dos clases de infinito: los infinitos potenciales (o abstractos) y los infinitos reales (o concretos).

Los infinitos potenciales se componen de un conjunto de números que puede crecer incesantemente al agregar otro número a la serie. Por ejemplo, una vez que se pone en marcha un reloj, los segundos que se pueden generar son potencialmente infinitos, ya que si el cronómetro no se detiene, los segundos podrían seguir acumulándose, al menos potencialmente, por siempre.

Sin embargo, los infinitos potenciales nunca podrán ser infinitos reales, ya que siempre se le podrá agregar un elemento más. No importa cuántos elementos agreguemos a la serie ya que jamás llegaría a convertirse en infinito.

Los infinitos reales son conjuntos de números que no pueden incrementarse puesto que no existen elementos que se puedan seguir agregando. Este concepto es difícil de comprender, ya que los infinitos reales no existen ni pueden existir en el mundo físico.
Como ejemplo, tenemos el piloto de un automóvil de carrera y su hijo. El piloto recorre un circuito de 1,5 km, vuelta tras vuelta. Mientras tanto, en el interior del circuito, su hijo de tres años da vueltas en círculo montado en un triciclo. El pequeño completa unas doce vueltas por cada vuelta de su padre, pero si cada uno hubiera circulado una infinita cantidad de tiempo, ¡ambos hubieran completado igual cantidad de vueltas!

La complejidad que tiene el entender el anterior ejemplo, nos demuestra porqué los infinitos reales no pueden existir en el mundo físico.
Esta demostración de los infinitos reales nos permite aplicar el concepto a dos aspectos del mundo real: el tiempo y la casualidad.

En cuanto al tiempo, podemos demostrar que éste no es infinito, (es decir que tuvo un comienzo), porque existe un “ahora”. Como ilustración pensemos como si el “ahora” fuere un lugar de destino, una estación de ferrocarril; y el tiempo como vías del ferrocarril que se extienden hasta el infinito. Si fuesémos pasajeros que esperáramos el tren, tendríamos que esperarlo eternamente, ya que no sería posible recorrer vías de ferrocarril cuya longitud fuese infinita, no existiría punto al cual llegar, no habría estación. No es posible llegar al final de algo que es infinito. Sin embargo, existe un final, un “ahora”, el tren llega con certeza a la estación. Esto demuestra que las vías del tiempo no pueden extenderse hasta el infinito. No puede haber un número infinito de momentos previos anteriores al momento presente, por lo tanto, el tiempo debió tener un comienzo.

El argumento filosófico es que el infinito no puede existir en la naturaleza porque éste llevaría a la creencia de cosas absurdas. Sin embargo, los eventos en el pasado no son solamente ideas, son reales, entonces deben ser finitos.

Por otro lado, el tiempo mismo no puede ser causa y origen de su existencia. Si tuvo un comienzo, hubo algo que lo inició. Aquí es donde la casualidad entra en escena. No existe efecto que no haya sido causado. Todo ser humano es resultado de la unión de los dos gametos provenientes de sus padres. El estado actual del universo es efecto causado por diversas condiciones físicas y astronómicas.

Sin embargo, es de notar que cada una de las causas mencionadas son también efecto. Por ejemplo, nuestros padres no sólo son causa de nuestra existencia sino también efecto de sus padres, que antes fueron efecto de sus padres, y así sucesivamente; pero como lo prueba la inexistencia de un infinito real, la cadena de causas no puede extenderse en una regresión infinita.

Por esta razón, debe haber una causa que no sea efecto, es decir, una causa no causada o causa primera. Dado que el universo es un efecto, debe haber tenido una causa que lo originara.

Típicamente, los ateos han dicho que el universo es simplemente eterno e incausado, pero hay buenos motivos tanto filosóficos como científicos que ponen en duda esa suposición.

Filosóficamente hablando, la idea de un pasado infinito es muy problemática. Si el universo nunca tuvo un principio, eso significaría que el número de eventos en la historia pasada del universo es infinito. Pero la existencia real de un número infinito de cosas conduce a absurdos metafísicos. El infinito no es más que una idea en nuestra mente, no algo que pueda existir en la realidad. Pero eso implica, que dado que los eventos del pasado no son solo ideas, sino que son reales, el número de eventos en el pasado, deben entonces ser finito, por lo que la serie de eventos pasados no pueden ir hacia atrás para siempre, sino que el universo debe haber comenzado a existir. Esta conclusión ha sido confirmada por notables descubrimientos en astronomía y astrofísica.

El argumento Kalam explica que el universo tuvo un comienzo y que ese comienzo fue causado por una causa no causada. Frente a este planteo solo existen dos posibilidades:
            1. Que la causa haya sido personal.
            2. Que la causa haya sido impersonal.

- Por un lado, la causa primera, necesariamente, debe tener la capacidad de crear.
- Por otro lado, debe tener intención de crear, es decir, la voluntad de dar comienzo al universo.
- Además, éste necesita ser un ser no contingente, es decir, uno cuya existencia no dependa de otra cosa más que de sí mismo (si no fuese así, sería un efecto más en la cadena de causas y efectos).
- Asimismo, debe ser trascendente, es decir, la causa del universo debe estar fuera y no debe formar parte de él.

Estas cualidades nos evocan la imagen de un ser personal. De esta manera, el argumento Kalam llega a la conclusión de que el universo tuvo un comienzo causado por un ser personal, poderoso y trascendente.
El tiempo y el espacio son creaciones de ese ser personal que empezaron en el Big Bang. Si nos trasladamos más allá del comienzo del tiempo mismo, simplemente hay eternidad (es decir, no hay limitación del tiempo). Dios el eterno, no tiene limitación de tiempo en su ser. Dios no perduró a través de una cantidad infinita de tiempo hasta el momento de la creación; eso sería absurdo. Dios trasciende el tiempo. Él está más allá del tiempo. Una vez que Dios creó el universo, pudo entrar en el tiempo.




Argumento tomista
Tomás de Aquino expuso tres aspectos del argumento cosmológico como parte de sus “cinco vías” para demostrar la existencia de Dios.

- En primer lugar, trató de probar la existencia de Dios a partir del movimiento. El movimiento es un efecto, y como tal, responde a alguna causa. Según Tomás de Aquino, “todo lo que se mueve es movido por otro”. Esta cadena en la que una cosa mueve a otra que a la vez mueve a otra, no puede extenderse indefinidamente. Debe haber una causa primera que pone a todos en movimiento; un primer motor que no es movido por otro. Esta causa primera o primer motor es lo que llamamos Dios.

- En segundo lugar, Tomás de Aquino planteó lo que él llamó “causa eficiente”. No existe nada que pueda ser origen o causa de sí mismo; sino que cada cosa debe ser el efecto de una causa, que a su vez es el efecto de otra causa, y así sucesivamente. Sin embargo, debe haber una causa primera que explique la existencia de las otras causas, ya que no es posible rastrear esta sucesión de causas indefinidamente. Esta causa primera debe estar representada por un ser que existe por sí mismo y cuya existencia no depende de ningún otro. A este ser se lo llama Dios.

- En tercer lugar, Tomás de Aquino se basa en la posibilidad de la existencia. Nada de lo que existe en el universo tiene existencia necesaria, todo podría bien no haber existido. Por otro lado, Tomás de Aquino dice que es preciso algún ser necesario que explique la existencia de lo posible. Ese ser necesario que hace posible la existencia de todas las cosas se llama Dios.




Argumento leibniziano
El filósofo G.W.F. von Leibniz, en lugar de argumentar a partir de la causa, argumentó que debe haber razón suficiente para la existencia del universo. La pregunta de ¿por qué cualquier cosa existe? es la cuestión más profunda de la filosofía. Así como todo lo causado proviene de una causa anterior, Leibniz señaló que todo lo que existe tiene una razón que está fuera de sí mismo y que es previa a su existencia. De la misma manera que no puede existir una sucesión infinita de causas, tampoco puede haber una sucesión infinita de razones. Por esta razón, el universo no puede ofrecer explicación suficiente para el estado de las cosas ni para su existencia. La única razón suficiente debe encontrarse fuera del universo en un ser cuya existencia “se explique por sí misma y sea necesaria”. Y a este ser lo llamamos Dios.


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