Big Bang


La evidencia científica existente acerca del origen del universo es apenas una confirmación de una conclusión a la que ya se ha llegado mediante el razonamiento filosófico.

Existe ahora evidencia bastante fuerte de que el universo no es eterno hacia el pasado sino que tuvo un inicio absoluto hace un tiempo finito.

En uno de los acontecimientos más sorprendentes de la ciencia moderna ahora contamos con evidencia bastante fuerte de que el universo no es eterno en el pasado, sino que tuvo un comienzo absoluto aproximadamente trece millones de años atrás en un cataclismo conocido como el Big Bang.

Cuando Albert Einstein desarrolló su teoría general de la relatividad y empezó a aplicarla a todo el universo, se impresionó al descubrir que no daba lugar a un universo estático. De acuerdo a sus ecuaciones, el universo debería de estar ya fuera explotando o implosionando. Para que el universo fuera estático, tendría que falsificar sus ecuaciones colocando un factor que lo mantuviera quieto.

En los años veinte, el matemático ruso Alexander Friedman y el astrónomo belga Georges Lamaitre pudieron desarrollar modelos basados en la teoría de Einstein. Predijeron que el universo se estaba expandiendo. Esto significaba que si se regresaba en el tiempo, el universo regresaría a un origen único antes del cual no existía. El astrónomo Fried Hoyle llamó a esto “Big Bang”.

Comenzando la década del veinte, los científicos comenzaron a encontrar evidencia empírica que apoyaba estos modelos puramente matemáticos. En 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble descubrió que la luz que llegaba a nosotros de galaxias distantes parecía ser más roja de lo que debería, siendo esta una característica universal de las galaxias en todas partes del universo. Hubble dio explicación a este fenómeno, manifestando que el cambio rojo se presentaba debido al hecho de que todas las galaxias se están alejando de nosotros. Concluyó que el universo literalmente se está alejando a velocidades enormes. Las observaciones astronómicas de Hubble fueron la primera confirmación empírica de las predicciones de Friedman y Lamaitre.

Después de los años cuarenta, Georges Gamow dijo que si el Big Bang realmente sucedió; entonces la temperatura de fondo del universo debería de estar a solo unos cuantos grados sobre el cero absoluto. Él manifestó que esto sería una de las reliquias de las muy primitivas etapas del universo.
En 1965, dos científicos descubrieron por accidente la radiación de fondo del universo, la cual estaba solo a 3.7 grados sobre el cero absoluto. No existe otra explicación para esto, sino que se trata de un vestigio de un estado muy primitivo y muy denso del universo, lo que fue predicho por el modelo del Big Bang.

En el año 2003, Arvind Borde, Alan H. Guth y Alexander Vilenkin, pudieron probar que cualquier universo que este en estado de expansión cósmica a través de su historia, no puede ser infinito en el pasado sino que debe tener un límite pasado espacio-temporal . Lo que hace a esta prueba tan poderosa, es que se mantiene al margen de la descripción física del universo temprano. Dado que aún no tenemos una teoría cuántica de la gravedad no podemos todavía proporcionar una descripción física de la primera fracción de segundo del universo.
Pero el teorema Borde-Guth- Vilenkin es independiente de cualquier descripción física de ese momento. Su teorema implica, que el estado de vacio cuántico del universo temprano, al que algunos divulgadores de modo engañoso e inexacto se han referido como “la nada”, no puede ser eterno en el pasado sino que debe haber tenido un comienzo absoluto. Incluso si nuestro universo es sólo una parte minúscula del llamado multiverso compuesto por muchos universos, su teorema implica que el multiverso mismo ha de tener un inicio absoluto. Claro que escenarios altamente especulativos, como el modelo de la gravedad cuántica de bucles, modelo de cuerdas, incluso el modelo de curva de tiempo cerrada ha sido propuesto para tratar de evitar este comienzo absoluto. Sin embargo, estos modelos están todos cargados de problemas, y el fondo de la cuestión es que ninguna de estas teorías, aún si fueran ciertas, tiene éxito en apoyar un pasado eterno. Como mucho, llevan el comienzo un paso más atrás.


El tercer elemento principal de la evidencia del Big Bang es el origen de los elementos de la luz. Los elementos pesados, como el carbón y el hierro, se sintetizan en el interior de las estrellas y después explotan por medio de las supernovas en el espacio. Pero los elementos muy ligeros, como el helio, no pudieron haber sido sintetizados en el interior de las estrellas, ya que se necesitaría un horno mucho más poderoso para crearlos. Estos elementos se deben haber forjado en el horno del Big Bang a temperaturas de mil millones de grados.

Las explicaciones del Big Bang han sido confirmadas por varios datos científicos, y han sido corroboradas por la falla de cada intento de falsificarlas con modelos alternativos.

El Big Bang no fue un evento caótico ni desordenado, al contrario, todo apunta a que haya sido finamente sintonizado para la existencia de vida inteligente con una complejidad y precisión que literalmente reta la comprensión humana. El universo que vemos hoy, y nuestra existencia misma, dependen de una serie de condiciones iniciales altamente especiales.
Este fenómeno es evidencia fuerte de que el Big Bang no fue un accidente, sino que fue diseñado. Esto coincide con la milenaria doctrina judeocristiana de la creación a partir de la nada. Un astrónomo agnóstico estadounidense llamado Robert Jastrow se vio forzado a concluir que a pesar de que los detalles puedan diferir, “el elemento esencial en los relatos astronómicos y bíblicos del Génesis es el mismo: la cadena de eventos que llevan al hombre empezó de repente y precisamente, en un momento definido en el tiempo, en un rayo de luz y energía”.

Lo que hace al Big Bang tan sorprendente es que representa el origen del universo a partir de, literalmente, nada, porque toda la materia y la energía, incluso el espacio físico y el tiempo mismo, entraron en existencia en el Big Bang. Como el físico PCW Davies explica: “La venida a la existencia del universo, como se discutió en la ciencia moderna, no es sólo una cuestión de imponer algún tipo de organización en un estado incoherente anterior, pero, literalmente, la venida a la existencia de todas las cosas físicas a partir de la nada.” Ahora, esto pone al ateo en una posición muy incómoda.

La teoría del Big Bang sigue siendo hasta ahora la mejor explicación del estado actual del universo; pero si el Big Bang fue una explosión ¿ Por qué se produjo?. La explosión es un efecto de algo, por lo que la causa del Big Bang no puede buscarse en el universo físico, porque este fue el inicio del universo actual. Además, la materia que explotó no se creó a sí misma, ya que la no existencia de infinitos reales prueba que la materia no puede ser eterna.

Por lo tanto, dado que el universo tuvo un comienzo, algo debió darle comienzo, y debe ser algo fuera del universo mismo. La causa del universo debe ser independiente al universo y ser trascendente. Debe ser además, una causa poderosa para poder crear todo el universo ex nihilo, es decir, de la nada. Esa causa no puede ser un efecto, sino una causa no causada, de lo contrario, creeríamos en una sucesión absurda, debiéndonos remontar indefinidamente de causa en causa. Y esta causa no debe depender de ninguna otra para existir; debe ser no contingente, es decir, necesaria.
Sin embargo, la mera existencia de este ser no explica la existencia del universo; es preciso agregar un componente más: la intencionalidad, la voluntad de que algo ocurra.

De esta manera, el universo necesita un agente inteligente que tenga la capacidad de decidir si crear el universo o no. Esta causa necesaria y suficiente para la existencia del universo es lo que llamamos Dios.

Sir William Thompson, también conocido como Lord Kevin, físico y matemático británico dijo: “no tengáis miedo de ser librepensadores. Si pensáis en profundidad, la ciencia os empujará a creer en Dios, que es el fundamento de toda religión. Descubriréis que la ciencia no es contraria a la religión sino que le resulta útil”.

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